{"id":981,"date":"2019-12-16T16:16:11","date_gmt":"2019-12-16T14:16:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/?page_id=981"},"modified":"2019-12-17T12:11:58","modified_gmt":"2019-12-17T10:11:58","slug":"el-parque-de-los-sobrevivientes","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/en-espanol\/el-parque-de-los-sobrevivientes\/","title":{"rendered":"El parque de los sobrevivientes"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un d\u00eda le ocurri\u00f3 algo raro a Ana Moreno. Como casi cada ma\u00f1ana de entre semana estaba haciendo su caminata matutina al trabajo. Al caminar sol\u00eda escuchar podcasts, pero esa ma\u00f1ana se le hab\u00edan olvidado los auriculares de bot\u00f3n en casa. Estaba caminando por su itinerario habitual, cruzando un parque donde crec\u00eda una encina muy grande y vieja. Se dec\u00eda que este \u00e1rbol era tan viejo que hab\u00eda sobrevivido por lo menos a dos guerras, quiz\u00e1 m\u00e1s. Era como una mujer exuberante llevando una falda verde con un dobladillo ancho de varias capas, una mujer con poder. Al lado del \u00e1rbol hab\u00eda una estatua, un solitario caballero con una armadura apoyado en la espada. Un soldado medieval, Ana lo hab\u00eda pensado, pero la verdad era que este hombre no le hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n, era solamente una estatua entre decenas similares que estaban vigilando a los ciudadanos por todas las partes de la ciudad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa ma\u00f1ana Ana estaba escuchando solamente sus propios pensamientos bastante oscuros como a menudo \u00faltimamente, el susurro y el crujido de los \u00e1rboles, los coches acelerando en las calles cercanas y otros ruidos que produc\u00eda una ciudad al despertar a un nuevo d\u00eda. Al pasar frente a la estatua Ana vio de reojo que la estatua movi\u00f3 el pie izquierdo y luego el pie derecho como si hubiera querido tomar una posici\u00f3n mejor y m\u00e1s relajada. Asustada, Ana se par\u00f3 en seco y mir\u00f3 la estatua. El caballero se encogi\u00f3 de hombros levemente. Casi se pod\u00eda o\u00edr c\u00f3mo el metal de su armadura tintineaba suavemente. Ana observ\u00f3 la estatua y con cautela toc\u00f3 la base y el pie derecho del hombre. De piedra, como ya hab\u00eda sabido. No era una estatua viviente, sino verdadera. Seguro que se hab\u00eda equivocado. El baile de las sombras producido por las ramitas y hojas del \u00e1rbol hab\u00eda causado la ilusi\u00f3n del movimiento. Sigui\u00f3 caminando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Pase lo que pase, sobrevivir\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfQui\u00e9n ha hablado? Ana se par\u00f3 otra vez, mir\u00f3 en torno, hacia atr\u00e1s y hacia adelante, pero estaba sola, no hab\u00eda nadie en el parque, excepto ella. La voz ha sido muy clara, masculina, firme y amable. \u00bfHa empezado a o\u00edr cosas irreales? \u00bfEstaba alucinando? No, no, no quer\u00eda esto, la vida ya era suficientemente pesada. Se dio prisa. No quer\u00eda o\u00edr tonter\u00edas ni tampoco llegar tarde al trabajo y darle razones a su jefe para que se enfureciera.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al d\u00eda siguiente estaba caminando por el parque. Lloviznaba y todo parec\u00eda gris: el cielo, el aire, incluso los \u00e1rboles perennifolios. Ten\u00eda un paraguas abierto y trataba de evitar los charcos en los pasillos del parque.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Es normal que te pongas triste. Las l\u00e1grimas son como la lluvia, te lavan la cara de todo lo sucio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Qu\u00e9 susto! Se le cay\u00f3 el paraguas. La encina agit\u00f3 sus ramitas y hojas. Asustada, Ana mir\u00f3 hacia arriba y pod\u00eda sentir c\u00f3mo la lluvia suave le acariciaba la cara. La estatua estaba de pie sobre la base como siempre, pero ahora la celada del yelmo estaba subida. Ana pod\u00eda ver los ojos de piedra mir\u00e1ndola. Sin previo aviso el caballero le gui\u00f1\u00f3 el ojo. El coraz\u00f3n de Ana se salt\u00f3 un latido y empez\u00f3 a palpitar como loco. Cogi\u00f3 el paraguas y corri\u00f3 todo el trecho al trabajo sin mirar atr\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pod\u00eda olvidar lo que hab\u00eda sucedido. Todo el d\u00eda o\u00eda la frase repiti\u00e9ndole: \u201dEs normal que te pongas triste\u201d. Trataba de concentrarse en las tareas del trabajo sin conseguirlo. Comet\u00eda errores y los correg\u00eda. El jefe daba vueltas en c\u00edrculos cerca del puesto de trabajo de Ana como un buitre alrededor de un cad\u00e1ver, poniendo mala cara siempre que la miraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s del trabajo Ana estaba tan agotada que no cogi\u00f3 el m\u00f3vil, cuando su amiga la llam\u00f3. No ten\u00eda fuerzas para hacerlo. Por la noche tuvo pesadillas, en las que la persegu\u00edan un mont\u00f3n de estatuas, cada una ten\u00eda la cara del jefe y la espada subida para golpearla. Pero logr\u00f3 escapar y se despert\u00f3 llorando y aliviada, quedaban siete minutos para que el despertador empezase a zumbar.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cada ma\u00f1ana caminaba frente a la estatua y esta cada vez le dec\u00eda algo. Ana siempre escuchaba y grababa en la memoria los pensamientos del caballero de piedra y disfrutaba de las brisas suaves que le ofrec\u00eda la encina. Se hab\u00eda dado por vencida, pensaba que se hab\u00eda vuelto loca y decidi\u00f3 que esta cosa no la iba a sacar de quicio. Probablemente el estr\u00e9s del trabajo le produc\u00eda esta locura transitoria. Ya no ten\u00eda pesadillas y hac\u00eda sus tareas laborales bien, a pesar de que su jefe siempre parec\u00eda descontento con ella. Por ello, no pod\u00eda disfrutar de su trabajo, no lo hab\u00eda podido hacer en mucho tiempo. Codificar ya no llenaba su coraz\u00f3n de alegr\u00eda como lo hab\u00eda hecho durante tantos a\u00f1os. El c\u00f3digo parec\u00eda muerto y carec\u00eda de alas y poes\u00eda. Pero Ana sigui\u00f3 siendo trabajadora, puntual y minuciosa. Claro, no era como sus colegas, mucho m\u00e1s j\u00f3venes, ambiciosos. Pensaba que a estas alturas, el trabajo bien hecho deb\u00eda de ser suficiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No hab\u00eda encontrado sus auriculares de bot\u00f3n y tampoco los hab\u00eda buscado. Quer\u00eda saber que dec\u00eda la estatua y quer\u00eda reflexionar sobre estos pensamientos en paz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un d\u00eda de octubre cuando las hojas ya hab\u00edan cambiado de color y muchos \u00e1rboles estaban tan amarillos como si tuvieran luz dentro, iluminando el paisaje oscuro, Ana se par\u00f3 delante de la estatua, como sol\u00eda hacer. Se asombr\u00f3, porque el caballero se hab\u00eda quitado el yelmo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Es hora de cerrar la puerta y abrir otra, dejar el viento soplar y limpiar el aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al mismo tiempo la encina a\u00fan verde empez\u00f3 a crujir como si una mujer poderosa hubiera movido su falda con volantes de varias capas. Parec\u00eda algo alegre como si el \u00e1rbol se hubiera preparado para un baile.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con mucha cortes\u00eda el caballero le hizo una reverencia a Ana, se irgui\u00f3, se puso el yelmo y baj\u00f3 la celada. Se qued\u00f3 inm\u00f3vil. Ana lo mir\u00f3 un rato y luego sigui\u00f3 su caminata sin prisa, pensativa.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la oficina el jefe estaba esperando a Ana. Su cara era fea y la voz tensa, completamente contraria a la voz del caballero del parque.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Ven a mi despacho!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014En un momento \u2014Ana respondi\u00f3 tranquilamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Ahora mismo! \u2014fue la orden.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ana solo asinti\u00f3 con la cabeza, pero fue a su puesto de trabajo. Sin siquiera quitarse su abrigo encendi\u00f3 el ordenador y la impresora. Al teclear pod\u00eda sentir c\u00f3mo la ola caliente de la tranquilidad y la paz la llenaban de la cabeza a los pies. Incluso sus dedos siempre helados se calentaron. Cuando estuvo lista, fue al despacho del jefe sin llamar a la puerta. El jefe abri\u00f3 la boca, pero Ana fue m\u00e1s r\u00e1pida:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Presento mi dimisi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El jefe se qued\u00f3 boquiabierto y mir\u00f3 a Ana fijamente sin producir un solo sonido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Aqu\u00ed tienes la carta de dimisi\u00f3n \u2014Ana le pas\u00f3 el papel al jefe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Me quedan d\u00edas de vacaciones y me los tomo ahora mismo. El resto del tiempo del preaviso estar\u00e9 enferma. Despejo mi escritorio y me voy. El certificado de empresa me lo puedes mandar a casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque Ana sab\u00eda de sobra que el certificado estar\u00eda tan mal que no servir\u00eda para nada. Si quisiera \u2014y seguro que quer\u00eda\u2014 un nuevo trabajo, deber\u00eda mostrar que sab\u00eda producir un c\u00f3digo excelente y bien editado, lo que s\u00ed sab\u00eda hacer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ana recogi\u00f3 sus cosas personales, unas fotos de sus hijos y nietos, se despidi\u00f3 de algunos colegas y cerr\u00f3 la puerta de la oficina por \u00faltima vez.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Respirando el aire fresco del oto\u00f1o Ana se fue caminando hacia casa. Pensaba que iba a averiguar qui\u00e9n era ese caballero sabio de piedra en el parque. Por antojo pas\u00f3 por un supermercado de la esquina. Eligi\u00f3 dos botellas de tinto e ingredientes ricos para tapas. Les mand\u00f3 un mensaje de grupo a sus tres mejores amigos y los invit\u00f3: \u201d\u00a1Hoy celebramos! Despu\u00e9s del trabajo venid directamente a mi casa. \u00a1Tinto y tapas!\u201d Ya antes de guardar el m\u00f3vil en el bolso recibi\u00f3 la primera respuesta. Jorge quiso saber:\u201d\u00bfQu\u00e9 celebramos?\u201d Primero Ana le mand\u00f3 solamente tres emoticonos sonrientes, pero luego record\u00f3 que Jorge era profesor de historia y le envi\u00f3 otro mensaje: \u201dJorge, \u00bfsabes qui\u00e9n es la estatua sin nombre del parque donde sueles pasear con tu perro? Ese caballero de la armadura al lado de la vieja encina.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En seguida son\u00f3 el m\u00f3vil de Ana. Era Jorge:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Nadie lo sabe. Es una leyenda. Se dice que ese caballero aparece siempre que alguien necesita ayuda. Desde la Edad Media han pasado varias incidencias en las que el caballero ha salvado a personas \u2014especialmente a mujeres y ni\u00f1os\u2014 por los pelos y entonces ha desaparecido inmediatamente despu\u00e9s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfY t\u00fa crees en estos cuentos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jorge solt\u00f3 una peque\u00f1a risa en la que Ana pudo o\u00edr un poco de turbaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Probablemente tenga que creer. Hace unos meces, en verano, el caballero salv\u00f3 a Pepe, mi perro. Te voy a contar toda la historia por la tarde. Ahora tengo que irme. Los alumnos me esperan ya. Hasta pronto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ana le dio vueltas a lo que hab\u00eda dicho Jorge. Quiz\u00e1 no estaba tan loca como hab\u00eda pensado. Aunque se sent\u00eda un poco loca. Chiflada, ligera como una pluma y libre. Sab\u00eda de sobra que a\u00fan llegar\u00edan los d\u00edas de llanto y p\u00e1nico, las noches oscuras de desesperaci\u00f3n. Sin embargo, hoy quer\u00eda celebrar lo que nunca iba a ver la fea cara del jefe y que ese hombrecito ya no le pod\u00eda chupar su energ\u00eda. Desde ahora la energ\u00eda pertenec\u00eda solamente a Ana. Y la pod\u00eda usar como quisiera.<\/p>\n<ul>Hannele Hakala \ud83d\ude00<\/ul>\n<p>\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014-<\/p>\n<p><strong>Ep\u00edlogo:<\/strong><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace muchos a\u00f1os le\u00ed una entrevista en la que una famosa autora finlandesa respondi\u00f3 cuando le preguntaron que de d\u00f3nde ven\u00edan las ideas, los temas y la inspiraci\u00f3n: \u201dVienen de la basura de otros autores\u201d. Eso le pasa a cada escritor porque cuando uno escribe una historia, tiene que elegir una ruta, una senda y dejar de recorrer por otras que sean posibles. Cuando otro escritor lee el texto, presta atenci\u00f3n a estas oportunidades no usadas. Y de vez en cuando estas llaman la atenci\u00f3n y empiezan a vivir su propia vida en la imaginaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso me pas\u00f3 a m\u00ed tambi\u00e9n cuando en octubre de 2019 le\u00ed un texto de Mario Vargas Llosa (El hombre-florero). Lo ten\u00edamos como deberes en clase de espa\u00f1ol (<a href=\"https:\/\/blog.edu.turku.fi\/susannanespanjaa\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">en el curso Comprende y comparte de Turun suomenkielinen ty\u00f6v\u00e4enopisto<\/a>). Si t\u00fa, querido lector, lees ese cuento de Vargas Llosa, quiz\u00e1 te preguntes qu\u00e9 tiene este texto que ver con el m\u00edo, pero s\u00ed, hay una conexi\u00f3n. Por eso, mi peque\u00f1o cuentito es un humilde homenaje a este gran autor peruano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dedico este texto tambi\u00e9n a las mujeres valerosas que caminan por sus propias sendas escuchando su coraz\u00f3n e intuici\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Doy gracias a <strong><a href=\"http:\/\/linkedin.com\/in\/eva-garc\u00eda-ca\u00f1izares\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Eva Garc\u00eda Ca\u00f1izares<\/a><\/strong> (<a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/rincondeELE\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">El rinc\u00f3n de ELE<\/a>) por ayudarme con este texto.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-985\" src=\"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/la-estatua-en-el-parque-520.jpg\" alt=\"El caballero de la armadura en el parque\" width=\"520\" height=\"381\" \/><\/p>\n<p><em>Fotos: Pixabay, Pixhere y H.H.<br \/>\nEn cuanto a los errores, son m\u00edos. \ud83d\ude09<br \/>\n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un d\u00eda le ocurri\u00f3 algo raro a Ana Moreno. Como casi cada ma\u00f1ana de entre semana estaba haciendo su caminata matutina al trabajo. Al caminar sol\u00eda escuchar podcasts, pero esa ma\u00f1ana se le hab\u00edan olvidado los auriculares de bot\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/en-espanol\/el-parque-de-los-sobrevivientes\/\">Lue loppuun <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":982,"parent":265,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-981","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/981","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=981"}],"version-history":[{"count":27,"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/981\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1012,"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/981\/revisions\/1012"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/265"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/media\/982"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.hanectica.net\/kasvit\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=981"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}